Preguntas de un ciudadano perplejo

¿Cuándo nos merecimos de los gobernantes tan evidente falta de respeto? ¿Cuándo autorizamos para que nos trataran como menores de edad, como cifras prescindibles, como muebles inservibles del caserón derruido de esta democracia agotada? ¿Cuándo consentimos tanta mentira, tanta burla, tanta humillación? ¿Cuándo dejó de estremecernos la risa inoportuna de un ministro con maneras de tahúr y cabeza de chorlito? ¿Cuándo autorizamos a ser la periferia de nuestra propia soberanía? ¿Cuándo animamos a reyes licenciosos a aumentar su licencia, a políticos incapaces a envilecer la política, a censores de la dictadura a ser los historiadores de la democracia? ¿Cuándo renunciamos a nuestro derecho a decidir cada rincón de nuestra vida en común? ¿Cuándo olvidamos -o cuándo no aprendimos- que, además de merecer la pena, es una obligación reclamar la dignidad popular porque antes que nosotros mucha otra gente se lo jugó todo por hacer otro tanto? ¿ Cuándo se dieron cuenta los padres de que no hablar a los hijos de su historia, buscando protegerlos, era la peor forma de conjurar el eterno retorno de los privilegiados y su empresa de demoliciones? ¿Cuándo firmamos el contrato que sancionó nuestra sumisión como espectadores, como consumidores, como creyentes, como súbditos, como ciudadanas y ciudadanos indolentes?…

Monedero, Juan Carlos. La transición contada a nuestros padres: nocturno de la democracia española. Madrid : Los libros de la catarata, 2013. p. 17. ISBN: 978-84-8319-836-0

La vida nueva

“Un día leí un libro y toda mi vida cambió. Ya desde las primeras páginas sentí de tal manera la fuerza del libro que creí que mi cuerpo se distanciaba de la mesa y la silla en la que estaba sentado. Pero, a pesar de tener la sensación de que mi cuerpo se alejaba de mí, era como si más que nunca estuviera ante la mesa y la silla con todo mi cuerpo y todo lo que era mío y el influjo del libro no sólo se mostrara en mi espíritu sino en todo lo que me hacía ser yo. Era aquel influjo tan poderoso que creí que de las páginas del libro emanaba una luz que se reflejaba en mi cara: una luz brillantísima que al mismo tiempo cegaba mi mente y la hacía refulgir. Pensé que con aquella luz podría hacerme de nuevo a mí mismo, noté que con aquella luz podría salir de los caminos trillados, en aquella luz, en aquella luz sentí las sombras de una vida que conocería con la que me identificaría más tarde. Estaba sentado a la mesa, un rincón de mi mente sabía que estaba sentado, volvía las páginas y mientras mi vida cambiaba yo leía nuevas palabras y páginas. Un rato después me sentí tan poco preparado y tan impotente respecto a las cosas que habrían que sucederme, que por un momento aparté instintivamente mi rostro de las páginas como si quisiera protegerme de la fuerza que emanaba del libro. Fue entonces cuando me di cuenta aterrorizado de que el mundo que me rodeaba había cambiado también de arriba abajo y  me dejé llevar por una impresión de soledad como jamás había sentido hasta ese momento. Era como si me encontrara completamente solo en un país cuya lengua, costumbres y geografía ignoraba.”

Pamuk, Orham. La vida nueva. Madrid : Punto de Lectura, 2007. p. 11. ISBN: 978-84-663-2049-8