La ciencia como utopía de progreso

La ciencia era la mejor herramienta que la sociedad podía haberse proporcionado para sostener la utopía del progreso. La ciencia se volvía sinónimo de determinismo, universalismo y también de luz de la razón, fuente liberadora de supersticiones y preconceptos, símbolo del conocimiento puro y verdadero para todos. La divulgación de la ciencia pasó a verse, por lo tanto, como parte de un mandato destinado a la iluminación y el progreso de los pueblos. De esta forma, François Rouelle (1703-1770) ofrecía sus célebres “demostraciones” de química en los jardines del Rey, teniendo entre su público a personajes del calibre de Diderot, Condorcet, o Rousseau. El astrónomo Joseph de Lalande (1732-1807) aparecía en Pont-Neuf y para atraer la atención de los caminantes comía arañas que llevaba en una cajita de rapé. Una vez que el conmocionado público se había reunido en torno suyo, el científico extraía un telescopio y daba una charla de astronomía práctica a todos los presentes. Bernard de Fontenelle (1657-1757) divulgaba a Descartes en Conversaciones sobre la pluralidad de universos (1685), que consistía en una explicación sobre el cosmos a una marquesa ficticia; en tanto que Voltaire (1694-1778) explicaba una nueva física en Eléments de philosopie de Newton (1738). En las cortes, las plazas, los teatros, y hasta en libros de poesía, la ciencia hacía un “ingreso triunfal”. En 1738, Jacques de Vaucanson (1709-1782) viajaba por Europa mostrando sus célebres automata (entre otros, un imaginario pato mecánico capaz de nadar, comer, digerir y defecar), exhibiendo antes damas y caballeros de qué forma la naturaleza podía ser reproducida y explicada por medio de mecanismos. La ciencia iluminista era para todos y todas, puesto que también las mujeres de clase alta eran vistas como destinatarias importantes para las luces de la razón; G.W. Leibniz (1646-1716) intercambiaba cartas con algunas de sus protectoras aristocráticas, las cuales posteriormente darían lugar al libro Filosofía para princesas; Giuseppe Compagnoni (1754-1833) escribía el texto Química para las mujeres; Francesco Algarotti (1712-1764), El newtonianismo para las damas (1737); o bien Leonhard Euler (1707-1783), Cartas a una princesa de Alemania sobre diversos temas de física y de filosofía (1768), un compendio de la ciencia de aquél momento. En este cuadro general se fue fraguando una obra revolucionaria: la Encyclopedie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des metiers, par una societé de gens de leertes (1751 y 1772), más conocida como la Enciclopedia.

Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía: Ciencia, tecnología y sociedad

Polino, Carmelo y Castelfranchi, Yurij (2008), “Comunicación pública de la ciencia. Historia,
prácticas y modelos”, en Aibar y Quintanilla (eds.), Ciencia, Tecnología y Sociedad, Enciclopedia
Iberoamericana de Filosofía, Madrid: Ed. Trotta.