Es mierda en la boca, pero oficialmente se llama helado

Tuzla, Bosnia

Ensayábamos en la Casa del Ejército.

Para verle sentido a este título es necesario entender la naturaleza del peculiar comunismo yugoslavo. Pongamos a los arquitectos como ejemplo. Digamos que hay que construir un edificio público. En el comunismo no es el mejor arquitecto quien llega a construirlo; quien lo construye es el individuo (casi siempre un hombre) con mayor rango del Partido que, de paso, es arquitecto. Y para alcanzar el rango hay que lamer muchos culos, formar parte de comités sobre asuntos de los que uno no sabe nada, soportar años de discursos soporíferos, escribir y pronunciar discursos soporíferos durante años, y emborracharse cada noche con los gerifaltes para demostrar que uno participa en la comunidad y su vida social. Para entonces, uno es burócrata en un 98 por ciento y arquitecto en un 2 por ciento. Por eso los edificios públicos de los Balcanes parecen todos archivadores y por eso, a su vez, casi siempre se los llama “casa” (Casa de la Sanidad, Casa de la Juventud, Casa de los Trabajadores, Casa del Ejército): con la finalidad de evocar esa sensación de calidez interior y compensar así su verdadera impersonalidad. Es mierda en la boca, pero oficialmente se llama helado.

Ensayábamos en la Casa del Ejército.

Prcić, Ismet. Esquirlas. Barcelona: Blackie Books, 2013. p.118. ISBN: 978-84-938817-6-4

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