La persona es un mundo pequeño

poesiadelosnumerosEn la selva amazónica habita una tribu que no sabe nada en absoluto de números: son los pirahã, o hi’aiti’ihi, que significa «los rectos». Los pirahã muestran escaso interés por el mundo exterior. Rodeadas por infinidad de árboles, sus cabañas se arraciman en pequeños grupos a orillas del río Maici. La lluvia, gris y torrencial, se torna verde al caer sobre la exuberante fronda y las altas hierbas. El calor y la humedad son constantes, día tras día, lo que provoca que el rostro de los misioneros y lingüistas que visitan la región parezca continuamente abochornado. Los niños corretean desnudos por la aldea, sus madres llevan vestidos ligeros obtenidos mediante trueque con comerciantes brasileños. La misma fuente surte a los hombres de camisetas de vivos colores, restos de campañas políticas pasadas que instan a quien las ve a votar a Lula.

La población se alimenta de yuca, pescado fresco y tamandúa (oso hormiguero) asado. La labor de obtener alimento se divide en función del sexo. Las mujeres salen de las cabañas al alba para cultivar la yuca y recolectar leña, mientras que los hombres parten río arriba o río abajo para pescar. Pueden pasar el día entero así, arco y flecha en mano, observando el agua. Sin medios para almacenar el pescado, toda captura se consume rápidamente. Los pirahã distribuyen la comida de la siguiente manera: cada miembro de la tribu recibe aleatoriamente una generosa porción de comida hasta que se agota. Quienes no han recibido comida se la piden a un vecino, que debe compartirla. Este procedimiento termina solamente cuando todos se han saciado.

La mayor parte de lo que sabemos sobre los pirahã se debe a la labor de Daniel Everett, un lingüista californiano que ha dedicado treinta años a estudiarlos de cerca. Con perseverancia profesional consiguió entrenar gradualmente su oído hasta interpretar palabras y frases comprensibles en sus interjecciones cacofónicas; por el camino se convirtió en el primer extraño que se integraba en el modo de vida de la tribu.

El californiano comprobó asombrado que la lengua que estaba aprendiendo no tenía palabras específicas para medir el tiempo o la cantidad. Los nombres para los números, como «uno” o «dos», son algo desconocido. Los miembros de la tribu se quedaban confusos, cuando no indiferentes, ante cualquier pregunta relacionada con los números. Los padres no son capaces decir cuántos hijos tienen, pese a que recuerdan todos sus nombres. La mente de los pirahã no concibe planes o patrones que exceden un día de duración.

El trueque con comerciantes extranjeros consiste simplemente en darles nueces hasta que el comerciante indica que se ha alcanzado el precio. Nunca señalan con los dedos, ni los doblan para contar: cuando quieren indicar una cantidad se limitan a volver hacia abajo la palma de la mano, utilizando el espacio entre la mano y el suelo para dar a entender la altura que alcanzaría el montón formado por tal cantidad.

Al parecer, los pirahã no distinguen entre una persona y un grupo de personas, ni entre un pájaro, y una bandada, ni entre una partícula de harina de yuca y un saco de la misma harina. Para ellos, todo es pequeño (hói) o grande (ogii). Un guacamayo solitario es una bandada pequeña; la bandada, un guacamayo grande. En su Metafísica, Aristóteles muestra que el acto de contar requiere una comprensión previa de lo que es «uno». Para contar cinco, diez o veintitrés pájaros, primero debemos identificar un pájaro, una idea de pájaro que resulte aplicable a cualquier variedad. Pero a la tribu estas abstracciones le resultan completamente ajenas.

Con la abstracción, los pájaros se convierten en números. Las personas y las yucas también. Podemos contemplar una escena y decir: «Hay dos personas, tres pájaros y cuatro yucas”, pero también: «Hay nueve cosas» (sumando dos y tres y cuatro). Los pirahã no lo ven así. Ellos preguntan: «¿Qué son esas cosas? », «¿dónde están», «¿qué hacen? ». Un pájaro vuela, una persona respira y una yuca crece. No tiene sentido agruparlas. La persona es un mundo pequeño. El mundo es una yuca grande.

Tammet, Daniel. La poesía de los números. Barcelona: Blackie Books, 2015. p. 34-36.

ISBN: 978-84-16290-11-6

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