Más sabe el diablo por viejo…

Tengo 31 años, no soy ni joven ni vieja, y sin embargo de un tiempo a esta parte empiezo a tener la sensación de que por fin veo la realidad con más claridad, quizá por la perspectiva que dan las cosas vividas y que sólo se consigue con el mero paso del tiempo, o no.

Oigo la radio mientras escribo esto. Es 6 de diciembre, se ¿celebra? el día de la constitución (en minúsculas), y no paran de cacarear los todólogos que o bien se felicitan, o bien se lamentan, pero unánimemente adoran el texto aquel que los señores aquellos pusieron negro sobre blanco. No parece haber el más mínimo debate en torno a las virtudes de la constitución, es todo muy CT, como dirían algunos.

Y sin embargo yo me he levantado, y me llevo levantando con la misma sensación ya desde hace meses (quizá años), con la sensación de que aquello de lo que estamos tan orgullosos no fue la obra maestra que nos vendieron. No es ya que no se respete en nuestros días, sino que la criatura nació muerta. Los españolitos que vieron morir a Franco se acostaron fachas y se levantaron demócratas, sin más, chin pún, amén, non plus ultra. No nos dieron opción a pensarnos, nos pusieron la sopa delante y nos dijeron COME, y comimos. Yo nací unos años después de aquello, y para mí la tan loada transición sólo significÓ que podía cantar “FRANCO, FRANCO, QUE TIENE EL CULO BLANCO PORQUE SU MUJER, LO LAVA CON ARIEL…” en el patio del colegio. Eso era guay, eso era la libertad, y básicamente, en eso se ha quedado.

Hoy me puede el cinismo, creo que aquello que se votó fue el producto de los consensos de cuatro mandamases, elites protegiendo sus intereses frente a un pueblo no entrenado para decidir por sí mismo, y que por tanto abrazó aquello con la ingenuidad que da la pura ignorancia.

#siniralibertadmyass

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