La riña que limpiaba el aire

Como siempre, Florence era una experta en ocultar sus sentimientos a su familia. No le suponía un esfuerzo; se limitaba a salir de la habitación, siempre que fuera posible hacerlo sin exteriorizar lo que sentía, y más tarde se alegraba de no haber dicho nada acerbo ni haber herido a sus padres o a su hermana; de lo contrario, la culpa la tendría desvelada toda la noche. A todas horas recordaba cuánto quería a su familia y se encerraba más eficazmente en el silencio. Sabía muy bien que las personas se peleaban, a veces tempestuosamente, y luego se reconciliaban. Pero ella no sabía cómo empezar: no conocía ese recurso, la riña que limpiaba el aire, y no lograba creer del todo que fuese posible retirar u olvidar palabras duras. Era mejor no complicar las cosas. Así sólo se echaba la culpa ella, cuando se sentía como un personaje de una tira cómica al que le sale vapor por las orejas.

McEwan, Ian. Chesil Beach. Barcelona : Anagrama, 2009. p. 62. ISBN: 978-84-339-7336-8