Túnez

 

CORRUPCIÓN EN TÚNEZ. LO QUE ES TUYO ES MÍO

  1. (S) Según la encuesta anual de Transparencia Internacional y las observaciones de los contactos de la embajada, la corrupción en Túnez es cada vez peor. Ya sea dinero lo que no posea, servicios, tierras, propiedades, o incluso un yate, se dice de la familia de Ben Ali que lo codicia, y que lo consigue.

Así comenzaba uno de los cables que se filtraba el 28 de noviembre de 2011 y que el portal tunecino Nawaat se encargó de difundir, poniendo en marcha el sitio web Tunileaks. En los diecisiete primeros cables relativos a Túnez, representantes estadounidenses intercambiaban información sobre violaciones de derechos humanos y restricciones a la libertad de expresión y se referían a la familia Ben Ali como “La Familia” que articulaba la corrupción en el país. El gobierno tunecino reaccionó bloqueando el acceso a Tunileaks y a Al Akhbar, el medio libanés que se había hecho eco de la publicación de los cables, sin lograr frenar la propagación de su contenido.

Durante los días siguientes medios de todo el mundo publicaron decenas de cables similares, centrados en los gobiernos de cada país árabe, exponiendo las entrañas de cada una de aquellas estructuras corruptas.

Hasta ese momento Túnez era visto desde el exterior como destino turístico y país moderno, abierto a Europa y a Occidente. Muy pocos reparaban en la corrupción y la censura que reinaban en el interior, a pesar de que los activistas tunecinos llevaban años alertando sobre las violaciones contra la libertad de expresión cometidas por el Gobierno de Ben Ali. En el año 2000 Túnez registró el mayor número de periodistas  detenidos, encabezando la lista de enemigos de la libertad de prensa. En los años siguientes se bloquearon una por una todas las plataformas de video que permitían a los ciudadanos expresarse, organizarse y denunciar los abusos que sufrían. A la represión se sumaba la enorme desigualdad económica provocada por el desequilibrio entre las inversiones en la costa y en el interior del país, heredados de la época de Burguiba y acrecentados por las prácticas mafiosas de Ben Ali.

El 18  de diciembre de 2010, después de meses buscando el modo de mantener a su familia, Mohamed Bouazizi se prendió fuego frente al Ayuntamiento de la ciudad de Sidi Bouzid, en el interior del país. El joven, que tenía estudios superiores y ninguna expectativa de poder sacarles partido en el país de la mafia de Ben Ali, se había hecho con un carrito de verduras con el que poder sobrevivir. Trabajó durante unas semanas hasta que un día la policía le confiscó el carro, golpeándolo cuando opuso resistencia. Como aquel era el único modo que había encontrado de alimentar a sus hijos, la paliza no lo detuvo y no tardó en conseguir otro carro con el que continuar con la venta ambulante de verdura. Algo debió de quebrársele cuando la policía volvió a acosarlo y a quitarle una vez más su herramienta de trabajo, porque ese día decidió poner fin a todo, inmolándose frente al Ayuntamiento. No sabía que su sacrificio sería el principio.

Nachawati Rego, Leila. Cuando la revolución termine. Madrid: Turpial, 2016. ISBN: 978-84-95157-94-2. p. 131-132.